En los últimos meses me ocurre a menudo observar proyectos digitales que no terminan de funcionar.
No son proyectos antiguos ni especialmente pobres en recursos. Al contrario.
La tecnología es actual. Las herramientas son las adecuadas.
Las personas involucradas suelen ser competentes y comprometidas.
Y, sin embargo, algo no encaja.
En la mayoría de los casos no falta una solución técnica.
Faltan decisiones claras: qué forma parte del sistema y qué no, quién toma la decisión final, dónde termina una responsabilidad y empieza otra.
Cuando estas decisiones no se toman, el proyecto sigue avanzando igualmente.
Pero lo hace por acumulación, por compromisos silenciosos, por capas superpuestas.
Así se genera una deuda que no es solo técnica, sino conceptual.
En ese punto, es fácil buscar una nueva herramienta, un framework distinto, una solución “definitiva”.
Pero muchas veces el problema está más arriba: nadie se ha detenido a decir esta es la dirección.
Un sistema sin decisiones no es flexible.
Es simplemente inestable.
Y tarde o temprano, pasa factura.
- Inicie sesión para enviar comentarios
